Una de las trampas retóricas más comunes es decir al inicio, en la mitad, o al final de cualquier discusión “es sólo mi opinión“, Pero para entender porque esto es una trampa retórica y para ser más exactos, una trampa defensiva retórica, hay que tener claro qué es una opinión, qué es un argumento y cuál es el propósito de decir que es "sólo mi opinión”.
Todos tenemos opiniones y las opiniones
no son más que las conclusiones de juzgar algo. Por ejemplo, “esto me parece
bonito, esto me parece feo, esto me gusta, esto no me gusta, esto es bueno o
esto es malo”, pero el tener sólo una opinión no lo hace una trampa retórica,
el problema es cuando se manifiesta esa opinión.
Imaginemos que estamos en un
grupo y preguntémonos, ¿cuál es el propósito de manifestar nuestra opinión? Podemos
tener nuestra opinión guardada en nuestra mente, en un audiovisual o escrita, pero
nunca publicada en algún medio. ¿Pero porqué decidimos compartir nuestra
opinión? Solamente hay un motivo para compartir la opinión y este motivo es
validarla, es decir, compartir la idea con otras personas para que ellas digan “me
gusta, estoy de acuerdo” o para convencer a otros que lo que decimos es una visión
adecuada, correcta o popular sobre algún aspecto. Compartir una opinión o una
idea siempre va a tener el propósito de interactuar con las demás personas con
respecto al juzgamiento de esa misma idea o de esa opinión. Pero cuando la idea
o la opinión interactúa con otras personas hay tres (3) tipos de conductas que
se pueden obtener: el primero es la validación, que es lo que todos deseamos,
que les guste, que la compartan, que estén de acuerdo, que les parezca un punto
de vista interesante, etc. El segundo tipo de conducta que se puede dar es que
la critiquen, que digan que no están de acuerdo y que la consideren equivocada
por algunas razones, y el tercer tipo de conducta es que la ignoren, que a
nadie le interese.
Para no ser tan abstractos, mediante
el siguiente gráfico, podremos visualizar de que forma funciona la interacción
de nuestra opinión con las otras personas, con la crítica y también, porque es
una trampa retórica decir que “sólo es mi opinión”
Una persona dice “sólo es mi
opinión”, expresa su idea, esta idea llega a los otros, los otros la analizan,
es decir, interactúan con la idea de que sólo es su opinión y ahí se ve que hay
una influencia, o sea, que los otros reaccionan apoyando o criticando la
opinión. Si no les gusta la opinión hacen una crítica y es aquí donde sucede lo
más curioso, los que la validan, e incluso los que no la validan criticarán a
los demás diciendo “pero sólo es su opinión, la puedes aceptar, la puedes rechazar,
pero dentro del rechazo no la puedes criticar porque es una opinión personal y
cada uno tiene una opinión propia“. Esto es un error, es una burda manipulación
y a continuación, veremos porque.
Todo argumento es una opinión,
toda opinión es una conclusión, pero no toda conclusión es un argumento.
Con la siguiente metáfora lo
entenderemos mejor:
Si un argumento es una mesa, la
opinión o la conclusión tiene que ser la tabla de la mesa y las premisas o los
antecedentes, los consecuentes y las pruebas, son las patas que sostienen a la
opinión o a la conclusión, que puede ser explicita o no. En este caso debe
expresarse, porque si no, se puede confundir una opinión con la descripción de un
hecho o con un sentimiento.
Mediante el contra argumento se
puede conseguir derrumbar un argumento si se prueba que mediante las premisas
de este último la opinión no es sustentable porque las premisas son erradas.
Esto como ejercicio de la crítica.
Pero si alguien dice que “es sólo su opinión” está diciendo que la tabla no tiene patas que la sostengan, que la idea no tiene premisas, que es su opinión, que no tiene porque sustentarla, que no tiene porque explicársela a nadie, diría algo así como: "he llegado a esta conclusión y no tengo a nadie, que decirle el porque".
Sería como el
grafico que presentamos a continuación.
El problema es que sí trata de
convencer a alguien y para eso manifiesta su opinión, salvo que alguien se la
haya solicitado en forma directa, entonces debe sustentarlo con sus respectivas premisas
o patas de la tabla de la mesa, a menos que quiera evitar que otros se la
critiquen, porque lo que está solicitando es una fe ciega a su conclusión… “he
llegado a la conclusión que este artículo es inútil”… ¿porqué?. No es lo mismo
decir “el escritor me cae mal”, en ese caso como la fuente es la emoción
personal, es irrelevante, porque la emoción no la podemos discutir. En el caso
que dijera, “el escritor me cae mal porque recurre a la ofensa”, en ese caso se le puede debatir preguntando justamente, ¿dónde, cuando la utiliza?
Esto es precisamente el ejercicio de la búsqueda
de las premisas.
Al decir “solo es mi opinión”
están vendiendo una mesa sin patas, una mesa que va a ir al piso, y ¿cómo se tumba
una mesa que no tiene patas?
Cada vez que alguien da opiniones
sin premisas para sostenerla no debemos caer en el juego de creer que las opiniones
no deben ser justificadas o argumentadas porque en ese caso estamos comprando
la idea sostenida en el aire y lo que hace posible que se sostenga en el aire
es el ego, los sentimientos o la nada. Se convierte en una opinión inconclusa,
una opinión no válida porque no ha sido argumentada en sus premisas. Toda
opinión debe basarse en premisas, aunque quien la manifieste no las quiera
decir.
También puede darse el caso que cuando
alguien dice algo y al cuestionársele el porque, si dice que no lo sabe, estamos ante la
manifestación de una intuición, de un sentimiento o de una sensación y no de una
conclusión.
En conclusión, esta es una trampa
retórica que no debemos aceptar porque invalidaríamos cualquier contra argumentación
y no es aceptable que en una conversación una persona pretenda que se le crea
por el mero hecho de ser ella. Es como si aceptáramos comprar una mesa sin
patas y el vendedor nos diga que flota en el aire.
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